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Simón dice

Era el día del trabajador de 1909, tras acabado el discurso de un militante anarquista frente a 1500 personas, la multitud fue atacada por “fusiles a caballo” que seguían las ordenes de vaya-a-saber-quién, que por su parte seguía las órdenes de vaya-a-saber-quién, que por su parte seguía las órdenes de… Hubo cientos de heridos y 14 muertos. Ese mismo día, el Jefe de Policía de la Capital Federal ordenó el cierre de los locales sindicales y el arresto de 16 cabecillas anarquistas que habían estado presente durante la manifestación. La huelga general no se hizo esperar y duró una semana, a pesar de la represión de las fuerzas militares. La huelga general se levantó el 9 de Mayo, tras la liberación de los detenidos el 1 de Mayo… sin embargo, ningún ejecutor de la matanza tuvo que responder judicialmente por sus actos.

Los meses pasaron y los anarquistas se quedaron. Un buen día, unos 4, o 5, estaban reunidos en una esquina charlando… muy seriamente. Un aire tenso los envolvía. Todos sacaron una pajilla y se quedaron pálidos, como si todos hubieran perdido por sacar la mas corta. Pero la pajilla mas corta la tenía Simón en su mano. Uno de ellos lo miró, y le deseo lo mejor: “Mucha suerte, compañero!”. Pero él, tenía miedo y estaba muy bien que así fuera. Ninguno se habría animado a hacerlo (¿Y él sí?). Por eso habían llegado a esa instancia: el azar decidiría quien tendría tan honrado, pero funesto destino. Fue suyo. Lo había prometido a sus compañeros, y sus compañeros se lo habían prometido a él: Era ahora o nunca.

El 14 de Noviembre de 1909, Ramón Falcón, todavía Jefe de Policía, volvía en su coche luego del funeral de un colega suyo. Pero un encuentro explosivo le impidió llegar a su casa ese día: Simón Radowitzky, anarquista e inmigrante ucraniano, lo ajustició con una bomba de fabricación casera. El hecho produjo aún más oleadas represivas y de violencia. Por su parte, los grupos socialistas clamaban: È morto Ramón Falcón massacratore; evviva Simón Radowitzky vindicatore. Mientras tanto, Simón era torturado por la policia. No pudieron condenarlo a pena de muerte porque tenía 18 años, pero lo enviaron al penal de Ushuaia. En la prisión se le denegaron todos sus derechos y como única lectura se le permitió ¡la Biblia!

Muchas veces fue víctima de malos tratos, y de torturas. Varias de éstas, por liderar al resto de los reclusos en huelgas de hambre para protestar por las malas condiciones del penal. En 1918 fue violado por el subdirector del penal, Gregorio Palacios, y tres guardiacárceles. El 7 de Noviembre de ese mismo año, aprovechando el relevo y la llegada de un grupo nuevo de guardiacárceles, escapó a primera hora vestido con un traje de guardiacarcel. Sin embargo, fue interceptado a medio camino hacia Punta Arenas. Volvió a su condena… que ahora fue agravada con 2 años de confinamiento solitario en su celda, y sólo media ración diaria de comida. Así vivió, hasta que tras veintiñun años de prisión, fue indultado y condenado al destierro. Siguió viviendo… un poco en Uruguay, otro tanto en España y también Francia.

Actualmente existe una ciudad en el partido de Coronel Pringles con el nombre de Ramon Falcon, también una avenida en Buenos Aires, e incluso una placa recuerda el lugar del atentado (Callao y Quintana). Cerca de la placa, también se erige una estatua de Ramón Falcón. Otra estatua, se encuentra en el barrio de Recoleta (barrio de pocas caras aunque muchas caretas) honrando también la memoria del mismo. Pero un graffiti hace justicia, al lado de la A con que se simboliza el anarquismo, el escrache dice: SIMÓN VIVE.