blog de notas intelectualoides y filosofaseras

Diarrea mental

Héroe anónimo

Nació el 12 de Julio de 1923 en El Mondongo. Su abuelita le contagió el amor por la naturaleza y desde entonces consagró su vida con la ciencia y el conocimiento. Estudió medicina en la Universidad Nacional de La Plata e hizo su residencia en el Hospital Policlínico, trabajando a veces hasta 48 o 72 horas de corrido.

Apenas se graduó, en 1949, consiguió una vacante de médico auxiliar. A los pocos meses, le ofrecieron firmar su contrato… en éste, encontró una cláusula que lo afiliaba al Partido Justicialista. No lo aceptó.

Un familiar suyo lo invitó a Jacinto Aráuz (localidad de 3500 habitantes), en La Pampa. Se mudó en Mayo de 1950. Allí reemplazo al médico local que, enfermo, debía tratarse en Buenos Aires. Con él ahí, y gracias a los maestros y las comadronas, desapareció la mortalidad infantil, se redujo la cantidad de infecciones durante los partos y la desnutrición.

Amó su labor como médico rural. Sin embargo, se mudó luego a una clínica en Cleveland (EE.UU.) para incorporar conocimientos y poder luego volver aquí, a contribuir mejor a la sociedad. A principios de 1967 desarrolló una técnica de cirugía torácica que luego le daría renombre internacional y prestigio. En 1971 volvió a la Argentina y entonces nació la Fundación Favaloro… para el año 2000, en plena crisis Argentina, la fundación estaba en tal crisis económica (con una deuda de casi 80 millones de dólares) que llevó a René a cometer el suicidio. Antes de irse dejó esta carta:

Si se lee mí carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mí regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mí eterno compromiso con mí patria. Nunca perdí mis raíces…

Volví para trabajar en docencia, investigación y asistencia médica. La primera etapa en el Sanatorio Güemes, demostró que inmediatamente organizamos la residencia en cardiología y cirugía cardiovascular, además de cursos de post grado a todos los niveles. Le dimos importancia también a la investigación clínica en donde participaron la mayoría de los miembros de nuestro grupo. En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno. La mayoría de nuestros pacientes provenían de las obras sociales. El sanatorio tenía contrato con las más importantes de aquel entonces. La relación con el sanatorio fue muy clara: los honorarios, provinieran de donde provinieran, eran de nosotros; la internación, del sanatorio (sin duda la mayor tajada). Nosotros con los honorarios pagamos las residencias y las secretarias y nuestras entradas se distribuían entre los médicos proporcionalmente. Nunca permití que se tocara un solo peso de los que no nos correspondía. A pesar de que los directores aseguraban que no había retornos, yo conocía que sí los había. De vez en cuando, a pedido de su director, saludaba a los sindicalistas de turno, que agradecían nuestro trabajo. Este era nuestro único contacto. A mediados de la década del 70, comenzamos a organizar la Fundación. Primero con la ayuda de la Sedra, creamos el departamento de investigación básica que tanta satisfacción nos ha dado y luego la construcción del Instituto de Cardiología y cirugía cardiovascular. Cuando entró en funciones, redacté los 10 mandamientos que debían sostenerse a rajatabla, basados en el lineamiento ético que siempre me ha acompañado. La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de los profesionales seleccionados hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza). Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos, como consecuencia, jamás dimos un solo peso de retorno. Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto. ¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno! Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica. Lo mismo ocurre con el PAMI. Esto lo pueden certificar los médicos de mi país que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementado a lo largo y ancho de todo el país. Valga un solo ejemplo: el PAMI tiene una vieja deuda con nosotros (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían (como es lógico no a mí directamente).

Si hubiéramos aceptado las condiciones imperantes por la corrupción del sistema (que se ha ido incrementando en estos últimos años) deberíamos tener 100 camas más. No daríamos abasto para atender toda la demanda. El que quiera negar que todo esto es cierto que acepte que rija en la Argentina, el principio fundamental de la libre elección del médico, que terminaría con los acomodados de turno. Lo mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina prepaga) el médico que envía a estos pacientes por el famoso ana-ana, sabe, espera, recibir una jugosa participación del cirujano. Hace muchísimos años debo escuchar aquello de que Favaloro no opera más! ¿De dónde proviene este infundio?. Muy simple: el paciente es estudiado. Conclusión, su cardiólogo le dice que debe ser operado. El paciente acepta y expresa sus deseos de que yo lo opere. ‘Pero cómo, usted no sabe que Favaloro no opera hace tiempo?’. ‘Yo le voy a recomendar un cirujano de real valor, no se preocupe’. El cirujano ‘de real valor’ además de su capacidad profesional retornará al cardiólogo mandante un 50% de los honorarios! Varios de esos pacientes han venido a mi consulta no obstante las ‘indicaciones’ de su cardiólogo. ‘¿Doctor, usted sigue operando?’ y una vez más debo explicar que sí, que lo sigo haciendo con el mismo entusiasmo y responsabilidad de siempre. Muchos de estos cardiólogos, son de prestigio nacional e internacional. Concurren a los Congresos del American College o de la American Heart y entonces sí, allí me brindan toda clase de felicitaciones y abrazos cada vez que debo exponer alguna ‘lecture’ de significación. Así ocurrió cuando la de Paul D. White lecture en Dallas, decenas de cardiólogos argentinos me abrazaron, algunos con lágrimas en los ojos. Pero aquí, vuelven a insertarse en el ‘sistema’ y el dinero es lo que más les interesa. La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar. Instituciones de prestigio como el Instituto Cardiovascular Buenos Aires, con excelentes profesionales médicos, envían empleados bien entrenados que visitan a los médicos cardiólogos en sus consultorios. Allí les explican en detalles los mecanismos del retorno y los porcentajes que recibirán no solamente por la cirugía, los métodos de diagnóstico no invasivo (Holter eco, cámara y etc., etc.) los cateterismos, las angioplastias, etc. etc., están incluidos… No es la única institución. Médicos de la Fundación me han mostrado las hojas que les dejan con todo muy bien explicado. Llegado el caso, una vez el paciente operado, el mismo personal entrenado, visitará nuevamente al cardiólogo, explicará en detalle ‘la operación económica’ y entregará el sobre correspondiente!. La situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar. Es fácil decir ‘no hay camas disponibles’. Nuestro juramento médico lo impide. Estos pacientes demandan un alto costo raramente reconocido por las obras sociales. A ello se agregan deudas por todos lados, las que corresponden a la construcción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los médicos con atrasos de varios meses.. Todos nuestros proyectos tambalean y cada vez más todo se complica. En Estados Unidos, las grandes instituciones médicas, pueden realizar su tarea asistencial, la docencia y la investigación por las donaciones que reciben. Las cinco facultades médicas más trascendentes reciben más de 100 millones de dólares cada una! Aquí, ni soñando. Realicé gestiones en el BID que nos ayudó en la etapa inicial y luego publicitó en varias de sus publicaciones a nuestro instituto como uno de sus logros!. Envié cuatro cartas a Enrique Iglesias, solicitando ayuda (¡tiran tanto dinero por la borda en esta Latinoamérica!) todavía estoy esperando alguna respuesta. Maneja miles de millones de dólares, pero para una institución que ha entrenado centenares de médicos desparramados por nuestro país y toda Latinoamérica, no hay respuesta. ¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente? Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar. La mayoría del tiempo me siento solo. En aquella carta de renuncia a la C. Clinic , le decía al Dr. Effen que sabía de antemano que iba a tener que luchar y le recordaba que Don Quijote era español! Sin duda la lucha ha sido muy desigual. El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse. Hemos tenido varias reuniones, mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al ‘sistema’. Sí al retorno, sí al ana-ana. ‘Pondremos gente a organizar todo’. Hay ‘especialistas’ que saben cómo hacerlo. ‘Debes dar un paso al costado. Aclararemos que vos no sabes nada, que no estás enterado’. ‘Debes comprenderlo si queres salvar a la Fundación’ ¡Quién va a creer que yo no estoy enterado! En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil. No puedo cambiar, prefiero desaparecer. Joaquín V. González, escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al recibirnos: ‘a mí no me ha derrotado nadie’. Yo no puedo decir lo mismo. A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla. Estoy cansado de recibir homenajes y elogios al nivel internacional. Hace pocos días fuí incluido en el grupo selecto de las leyendas del milenio en cirugía cardiovascular. El año pasado debí participar en varios países desde Suecia a la India escuchando siempre lo mismo. ‘¡La leyenda, la leyenda!’

Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mí país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación. Todo esto no se perdona, por el contrario se castiga. Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres, que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz. Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata. No puedo cambiar. No ha sido una decisión fácil pero sí meditada. No se hable de debilidad o valentía. El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano. Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad. Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así. En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, empresarios, sin recibir respuesta. En la Fundación ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos, han sido colaboradores fieles y dedicados. El lunes no podría dar la cara. A mí familia en particular, a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco. Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa. Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles.

Un abrazo a todos


Simón dice

Era el día del trabajador de 1909, tras acabado el discurso de un militante anarquista frente a 1500 personas, la multitud fue atacada por “fusiles a caballo” que seguían las ordenes de vaya-a-saber-quién, que por su parte seguía las órdenes de vaya-a-saber-quién, que por su parte seguía las órdenes de… Hubo cientos de heridos y 14 muertos. Ese mismo día, el Jefe de Policía de la Capital Federal ordenó el cierre de los locales sindicales y el arresto de 16 cabecillas anarquistas que habían estado presente durante la manifestación. La huelga general no se hizo esperar y duró una semana, a pesar de la represión de las fuerzas militares. La huelga general se levantó el 9 de Mayo, tras la liberación de los detenidos el 1 de Mayo… sin embargo, ningún ejecutor de la matanza tuvo que responder judicialmente por sus actos.

Los meses pasaron y los anarquistas se quedaron. Un buen día, unos 4, o 5, estaban reunidos en una esquina charlando… muy seriamente. Un aire tenso los envolvía. Todos sacaron una pajilla y se quedaron pálidos, como si todos hubieran perdido por sacar la mas corta. Pero la pajilla mas corta la tenía Simón en su mano. Uno de ellos lo miró, y le deseo lo mejor: “Mucha suerte, compañero!”. Pero él, tenía miedo y estaba muy bien que así fuera. Ninguno se habría animado a hacerlo (¿Y él sí?). Por eso habían llegado a esa instancia: el azar decidiría quien tendría tan honrado, pero funesto destino. Fue suyo. Lo había prometido a sus compañeros, y sus compañeros se lo habían prometido a él: Era ahora o nunca.

El 14 de Noviembre de 1909, Ramón Falcón, todavía Jefe de Policía, volvía en su coche luego del funeral de un colega suyo. Pero un encuentro explosivo le impidió llegar a su casa ese día: Simón Radowitzky, anarquista e inmigrante ucraniano, lo ajustició con una bomba de fabricación casera. El hecho produjo aún más oleadas represivas y de violencia. Por su parte, los grupos socialistas clamaban: È morto Ramón Falcón massacratore; evviva Simón Radowitzky vindicatore. Mientras tanto, Simón era torturado por la policia. No pudieron condenarlo a pena de muerte porque tenía 18 años, pero lo enviaron al penal de Ushuaia. En la prisión se le denegaron todos sus derechos y como única lectura se le permitió ¡la Biblia!

Muchas veces fue víctima de malos tratos, y de torturas. Varias de éstas, por liderar al resto de los reclusos en huelgas de hambre para protestar por las malas condiciones del penal. En 1918 fue violado por el subdirector del penal, Gregorio Palacios, y tres guardiacárceles. El 7 de Noviembre de ese mismo año, aprovechando el relevo y la llegada de un grupo nuevo de guardiacárceles, escapó a primera hora vestido con un traje de guardiacarcel. Sin embargo, fue interceptado a medio camino hacia Punta Arenas. Volvió a su condena… que ahora fue agravada con 2 años de confinamiento solitario en su celda, y sólo media ración diaria de comida. Así vivió, hasta que tras veintiñun años de prisión, fue indultado y condenado al destierro. Siguió viviendo… un poco en Uruguay, otro tanto en España y también Francia.

Actualmente existe una ciudad en el partido de Coronel Pringles con el nombre de Ramon Falcon, también una avenida en Buenos Aires, e incluso una placa recuerda el lugar del atentado (Callao y Quintana). Cerca de la placa, también se erige una estatua de Ramón Falcón. Otra estatua, se encuentra en el barrio de Recoleta (barrio de pocas caras aunque muchas caretas) honrando también la memoria del mismo. Pero un graffiti hace justicia, al lado de la A con que se simboliza el anarquismo, el escrache dice: SIMÓN VIVE.


Extractos de la publicacion ‘El amor libre’

Eros y anarquía, Osvaldo Baigorria (2006)

Para defender al principio de amor libre se necesitan dosis parejas de inocencia y experiencia. Una vez desacralizados el matrimonio, la familia y la dupla varón-mujer unidos “de por vida”, ¿qué si no la inocencia puede vincular la libertad al amor, en especial si a éste se lo entiende como pasión o atracción entre seres de carne y hueso? La experiencia susurra al oído que la fidelidad es imposible, que la monogamia es una ilusión y que las leyes del deseo triunfan siempre sobre las leyes de la costumbre. La inocencia grita que el amor sólo puede ser libre, que la pluralidad de afectos es un hecho y que el deseo obedece a un orden natural, anterior y superior a todo mandato social establecido.

La trampa de la protección, Emma Goldman (1869-1940)

El matrimonio y el amor no tienen nada en común; están tan lejos entre sí como los dos polos y son, incluso, antagónicos. El matrimonio es ante todo un acuerdo económico, un seguro que sólo se diferencia de los seguros de vida corrientes en que es más vinculante y más riguroso. Los beneficios que se obtienen de él son insignificantes en comparación con lo que hay que pagar por ellos. Cuando se suscribe una póliza de seguros, se paga en dinero y se tiene siempre la libertad de interrumpir los pagos. En cambio, si la prima de una mujer es un marido, tiene que pagar por él con su nombre, su vida privada, el respeto hacia sí misma y su propia vida “hasta que la muerte los separe”. Además, el seguro de matrimonio la condena a depender del marido de por vida, al parasitismo, a la completa inutilidad, tanto desde el punto de vista individual como social. También el hombre paga su tributo, pero como su esfera de vida es mucho más amplia, el matrimonio no lo limita tanto como a la mujer. Las cadenas del marido son más bien económicas.

(…)

En realidad, en nuestro actual estado de pigmeos, el amor es algo desconocido para la mayoría de la gente. No se le comprende, se lo esquiva y muy raras veces arraiga; y cuando lo hace, pronto se marchita y muere. Su fibra delicada no puede soportar la tensión y los esfuerzos del vivir cotidiano. Su alma es demasiado compleja para ajustarse a la viscosa textura de nuestra trama social. Llora, se lamenta y sufre con los que lo necesitan y, sin embargo, carecen de capacidad para elevarse a su altura. Algún día, los hombres y las mujeres se elevarán y alcanzarán la cumbre de las montañas; se encontrarán grandes, fuertes y libres, dispuestos a recibir, a compartir y a calentarse en los dorados rayos del amor. ¿Qué imaginación, qué fantasía, qué genio poético puede prever, aunque sea aproximadamente, las posibilidades de esa fuerza en las vidas de los hombres y las mujeres? Si en el mundo tiene que existir alguna vez la verdadera compañía y la unidad, el padre será el amor y no el matrimonio.

Mal de amores,  Errico Malatesta (1853-1932)

Digámoslo de inmediato: nosotros no tenemos ninguna solución para remediar los males que provienen del amor, porque éstos no se pueden destruir con reformas sociales ni con un cambio de costumbres. Están determinados por sentimientos profundos, podríamos decir fisiológicos del hombre, y no son modificables, cuando lo son, sino por una lenta evolución y de un modo que no podemos prever. Queremos la libertad; queremos que los hombres y las mujeres puedan amarse y unirse libremente sin otro motivo que el amor, sin ninguna violencia legal, económica o física. (…) Es muy fácil decir: “Cuando un hombre y una mujer se aman, se unen, y cuando dejan de amarse, se separan”. Pero sería necesario, para que este principio se convirtiese en regla general y segura de felicidad, que se amaran y cesaran de amarse al mismo tiempo. Pero ¿y si uno ama y no es amado? ¿Y si mientras uno ama, el otro ya no lo hace y trata de satisfacer a una nueva pasión? ¿Y si uno ama al mismo tiempo a varias personas que no pueden adaptarse a esa promiscuidad?

(…)

Amar a todo el mundo se parece mucho a no amar a nadie. Podemos quizá socorrer a algunos, pero no podemos llorar todas las desgracias, porque nuestra vida se desharía entera en lágrimas; y sin embargo las lágrimas de simpatía son el más dulce consuelo para un corazón que sufre. La estadística de los fallecimientos y de los nacimientos puede ofrecernos datos interesantes para conocer las necesidades de la sociedad; pero no dice nada a nuestros corazones. Nos es materialmente imposible entristecernos por todo ser humano que muere y regocijarnos por cada nacimiento. Y si no amamos a uno más vivamente que a otros; si no hay un solo ser por el cual estemos más particularmente dispuestos a sacrificarnos; si no conocemos otro amor que ese amor moderado, vago, casi teórico, que podemos sentir por todos, ¿no resultaría la vida menos rica, menos fecunda, menos bella? ¿No se vería disminuida la naturaleza humana en sus más bellos impulsos? ¿No nos veríamos privados de las alegrías más profundas? ¿No seríamos más desgraciados? Por lo demás, el amor es lo que es. Cuando se ama fuertemente, se siente la necesidad del contacto, de la posesión exclusiva del ser amado. Los celos, comprendidos en el mejor sentido de la palabra, parecen formar y forman generalmente una sola cosa con el amor. El hecho podrá ser lamentable, pero no puede cambiarse a voluntad, ni siquiera a voluntad del que los sufre en persona. (…) Para nosotros el amor es una pasión que engendra por sí misma tragedias.

El amor entre los anarcoindividualistas, E. Armand (1872-1963)

Además, no es cierto como se presume que la monogamia o la monoandria sean naturales. Son artificiales, por el contrario. En donde quiera que sea, si el arquismo no interviene (el arquismo, es decir, la ley y la policía) ni impone su severidad, hay impulso a la promiscuidad sexual. Representémonos las bacanales, saturnales, florales de la Antigüedad –fiestas carnavalescas medioevales, kermesses flamencas, clubs eróticos del siglo de los enciclopedistas–, verbenas contemporáneas. Reacciones que pueden o no gustarme, pero reacciones al fin.

Los sentimientos se hallan sujetos a enfermedades, al igual que todas las facultades o funciones, lesionadas o desgastadas. La indigestión es una enfermedad de la función nutritiva, llevada al exceso. El cansancio es el “surmenage” producido por el ejercicio. La tisis pulmonar es la enfermedad del pulmón lesionado. El sacrificio es la ampliación de la abnegación. El odio es, a menudo, una enfermedad del amor. Los celos, otra.

El amor tal y como lo entienden los celosos es, por consiguiente, una categoría del arquismo. Es una monopolización de los órganos sexuales, palpables, de la piel y del sentimiento de un humano en provecho de otro, exclusivamente. El estatismo es la monopolización de la vida y de la actividad de los habitantes de toda una comarca en provecho de los que la administran. El patriotismo es la monopolización en provecho de la existencia del Estado, de las fuerzas vivas humanas, de todo un conjunto territorial. El capitalismo es la monopolización a beneficio de un pequeño número de privilegiados, en cuya posesión se encuentran las máquinas y los géneros necesarios a la vida, de todas las energías y facultades productoras del resto de los hombres. La monopolización estatista, religiosa, patriótica, capitalista, etc., está en germen en los celos, pues es evidente que éstos han precedido las dominaciones política, religiosa, capitalista.

A los celosos convencidos que afirman que los celos son una función del amor, los individualistas recordarán que, en su sentido más elevado, el amor puede también consistir en querer, por encima de todo, la dicha de quien se ama, en querer hallar alegría en la realización al máximo de la personalidad del objeto amado. Este razonamiento, este pensamiento, en quienes lo alimentan, termina casi siempre por curar los “celos sentimentales”. En amor, como en todo lo demás, sólo es la abundancia lo que aniquila los celos y la envidia. De la misma forma que la satisfacción intelectual se deriva de la abundancia cultural puesta a la disposición del individuo; del mismo modo que aplacar el hambre se deduce de la abundancia de alimento puesto a la disposición del individuo…, la eliminación de los celos depende de la “abundancia” sensual y sentimental que pueda reinar en el medio en donde el individuo se desenvuelve. ¿Y de qué forma se aderezará esta abundancia para que nadie sea dejado a un lado, puesto aparte, “sufra”, por así decirlo? He aquí la cuestión que ha de resolverse. En su Teoría Universal de la Asociación, Fourier lo tenía resuelto constituyendo el matrimonio de tal forma “que cada uno de los hombres pueda tener todas las mujeres y cada una de las mujeres todos los hombres”.

(…)

¿Qué se entiende por camaradería amorosa? Una concepción de asociación voluntaria englobando las manifestaciones amorosas, los gestos pasionales o voluptuosos. Es una comprensión más completa del compañerismo que la sola camaradería intelectual o económica. Nosotros no decimos que la camaradería amorosa es una forma más elevada, más noble, más pura; decimos simplemente que es una forma más completa de compañerismo. Toda camaradería que comprende tres, dígase lo que se quiera, es más completa que la que sólo comprende dos. Practicar la camaradería amorosa quiere decir para mí ser un camarada más íntimo, más completo, más próximo. Y por el mero hecho de estar ligado por la práctica de la camaradería amorosa con el que es tu compañero, tu compañera, tú serás para mí –su compañera o su compañero– una o un camarada más cercano, más alter ego, más querido. Entiendo, además, que esto significa servirme de la atracción sexual como de una palanca de compañerismo más amplia, más acentuada. Tampoco he dicho nunca que esta ética estuviese al alcance de todas las mentalidades.

Una experiencia, América Scarfó (1928)

Abrimos nuestros corazones, y nuestro amor y nuestra felicidad comenzaron a entonar su canción en medio de la lucha y del ideal, que más impulso les dieron aún. Y nuestros ojos, nuestros labios, nuestros corazones se expresaron en la conjuración mágica de un primer beso. Nosotros idealizamos el amor pero llevándolo a la realidad. El amor libre que no conoce barreras ni obstáculos. Esa fuerza creadora que transporta a dos seres por un camino florido, tapizado de rosas –y algunas veces de espinas– pero donde se encuentra siempre la felicidad.

Lamento no haber podido hacer un extracto de ‘Una experiencia en camaradería amorosa’ (carta del Grupo Atlantis a E. Armand en 1924) pero la verdad es que eso habría sido una transcripción completa. En todo caso, para ello ya está el libro que reune estos textos, entre otros. Bajar PDF.