blog de notas intelectualoides y filosofaseras

Última

Carta a la madre de un toxicómano

Muy señora mía:

Comprendo y comparto sinceramente el sentimiento de impotencia (…). Por eso mismo le propongo detenerse un momento a reflexionar, ya que no conocemos una cosa simplemente por padecerla en nuestra carne, sino cuando llegamos a entender de dónde nace.

A usted, la propaganda oficial le ha dicho que hay, por una parte, La Droga y por otra parte las medicinas de la farmacia, y por otra los productos vendidos en las tiendas de alimentación y los estancos. Unos llevan a la muerte, otros a la vida y los terceros son cosa distinta.
Me atrevo a sugerirle que ideas de este tipo sólo empiezan a parecer reales cuando decidimos creer en ellas. (…)
Querría hacerle ver, señora, que si esa sustancia resulta hoy diabólica es porque algunos venden lucrativamente infiernos a los demás, pero también porque en alguna medida la declaramos diabólica nosotros mismos, que no sabemos vivir sin un Satanás u otro y lo encontramos en terrenos tan neutros como la química.

La tragedia ocurre cuando alguno de nuestros hijos —en la edad más difícil, cuando su carácter aún no se ha formado— deciden creer la fantasías de sus padres. ¿Por qué se la creen? Observe que no sólo tiene la fascinación de lo prohibido, sino una triste aunque innegable ventaja. Obtener el estatuto de endemoniados (colgados) les libera de ese aprender a sacrificarse y acumular para otros que marca el comienzo de la madurez, les libera de asumir responsabilidades por los actos propios. Sin darnos cuenta, al aceptar que existiera una sustancia capaz de anular diabólicamente la buena voluntad ofrecimos a nuestros hijos una coartada y un papel. Coartada para la falta de virtud y papel para la falta de paradero.
(…) Dentro de su penosa situación, señora, le sirve de consuelo pensar que [la droga] es algún tipo de cuerpo maléfico que basta mirar para quedar enganchado irresistiblemente. Su hijo, un pobre incauto, quiso probar nada más y desde ese preciso instante se convirtió en víctima justificada para robar o hasta matar, y desde luego para declararse parásito perpetuo.
(…) Extraiga usted misma las consecuencias. El esfuerzo de las autoridades por crear algo diabólico [por puro misticismo puritano] ha desembocado en la aparición de un ejército dirigido por asesinos, aunque reclutado entre farsantes e ilusos, que, a cambio del estigma y el envenenamiento con matarratas y maizena compran irresponsabilidad. El sistema vigente impone lo uno y vende lo otro. Mientras las fuerzas del orden se desmoralizan, y mientras el estado de cosas enriquece a un grupo creciente de personas que viven muy bien de defender, tratar o reprimir un mal inventado por la prohibición, usted, yo y los demás cabezas de familia somos el público que paga.
¿Qué hacer?. Como los Estados prefieren seguir mintiendo, sólo nos queda defender la verdad en este asunto, tan recubierta de ignorancia e interesados mitos. La verdad, señora, es que no hay drogas buenas y malas, sino usos sensatos e insensatos de las mismas (como pasa con las armas de fuego, la energía nuclear y tantas otras cosas), que el uso sensato es infinitamente más probable cuando no hay mercado negro y que la ilegalización estimula toda suerte de abusos. La verdad es que no depende tanto de la (supuesta) [droga] como de las condiciones impuestas a su consumo el que sea un vicio pagado con una abyecta vida y una abyecta muerte. La verdad es que había mil veces menos adictos-delincuentes cuando los médicos podían recetar opiáceos [por ejemplo]. (…) La verdad es que el remedio puesto en práctica está agravando la enfermedad con ofertas de nuevos planes que son caricaturas del más fracasado y viejo, pues la receta de aumentar los castigos —incluso aplicando el de muerte— sólo logra encarecer aún más el producto, aumentando el negocio y consiguiendo que sea vendido por menores de edad, únicos irresponsables a nivel penal.

Coartada
(…) A usted y a mí nos queda el consuelo de pensar que el asunto es planetario. Pero el mal de muchos no dejará de ser consuelo para tontos. Nuestros protectores corrompen la sociedad en nombre de la salud pública, permitiendo que se venda basura a precios astronómicos, creando cofradías draculinas que dan de comer a mangantes y criminales y fundando una casta a quien la policía protege bajo la categoría de confidentes, aunque en privado les llame gusanos, por aquello de hacer posible una pesca. Es esa canalla quien controla hoy el mercado de todas las drogas ilegales.

Ya verá usted cómo en las próximas elecciones todos los partidos le piden el voto con grandes promesas, después de apoyar hace poco en las cortes aquello que hace crónico el actual estado de cosas. Quizás le he dicho cosas que preferiría no saber, que apartaría como fuere de su mente. Pero me pregunto si quienes le dicen lo que querría oír no serán quienes defienden la auténtica causa de sus desdichas.

Antonio Escohotado
El País, 23 de mayo de 1988, pág. 32
http://www.escohotado.org

_________________________________________________________

  • Como para seguir leyendo: “Qué es la marihuana?” ESCOHOTADO, A. Historia General de las Drogas. Pág. 1305-1316. Ed. Espasa, 2005.

Carta de rechazo laboral

Estimado ___________,

Gracias por su carta rechazando mi aplicación por el puesto laboral en su compañia.

He recibido rechazos por una inusual y enorme cantidad de organizaciones bien calificadas. Con semejante variedad y tan prometedor espectro del cuál elegir, fue imposible para mi considerarlos a todos. Luego de una deliberación cuidadosa, entonces, y porque un gran número de compañias me han encontrado inapropiado, lamento informarle que no puedo incorporar su rechazo. A pesar de las sobesalientes calificaciones de su compañia y su experiencia previa en rechazar a los entrevistados, encuentro que su rechazo no satisface mis requerimentos en este momento. Como resultado, empezaré como empleado de su compañía la próximo semana.

Las circunstancias cambian y uno no puede saber nunca cuando las nuevas ofertas de rechazo laboral surgen. Acorde a esto, mantendré su carta archivada en caso de que mis requerimentos de rechazo laboral cambien. Por favor no considere esta carta como una crítica de sus calificaciones para intentar negarme el empleo. Le deseo la mejor de las suertes en el rechazo de futuros candidatos.

Sinceramente, John Kador.

Trencito de la Alegría

Ayer parecióme descubrir américa porque creí comprender al ‘trencito de la alegría’. Resulta que el novio (pongamos x caso el lado masculino) decide festejar su despedida de soltero contratando un trencito, éste hace un tour por la ciudad y va levantando gente del sexo opuesto. Asumo que debe existir algun código establecido, como el gesto de “hacer dedo” *. Y de esa forma tiene su última noche de libertinaje careta antes de dedicar su vida a la infelicidad de estar acompañado por la aterradora compañia de otro ser humano con quien se siente obligado a llevarse bien porque no podria ser de otro modo si decidió estar enamoradíssimo.

Este comportamiento humano podría no ser así (y yo estaría equivocado). En ese caso, me enorgullezco xq el valor del texto sería aún muchísimo mayor. Admitamoslo: la idea es genial y seduce hasta las profundidades de nuestros más perversos deseos sexuales.

* para la explicación de lo que significa “hacer dedo”, singular fenómeno viajero, consúltese el artículo correspondiente en esta ilustrada enciclopedia de saberes que forma el presente medio de comunicacion entre mi cerebro y un mundo externo de ignominias asesinas –kgrhjsss$%&@#?!

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.